Esta Noche

Deja que esta noche surque la estrellada penumbra de tus sueños sobre el colibrí albino que de anhelos míos se alimenta, que en el eterno carmesí de tus labios encuentre el alba y así contemplar un amanecer en tu compañía.

Permíteme  hacer para ti un ramo de besos, salir a cazar esas luciérnagas que pululan en tu mirada y al llegar la aurora hallarte sumergida en una quimera fértil, suspendida como una rosa tímida, floreciendo en medio del fervor de tu sonrisa.

Déjame volar sobre tus empinadas cumbres con el sutil rose de estos inquietos labios, disipando caricias en tu figura, delineando esa silueta en cada suspiro que de mi pecho arrancas, deambulando como demente, escapando de la razón en tus bellas formas, haciendo una travesía por todo el valle que tiene su cuna en tu respiración y al final del camino encontrarme en el oasis de tu génesis calmando la sed tras mis días llenos de soledad y hambre.

Enciérrame en la cárcel de tus mejillas si así lo deseas, pues no sólo la pasión me incita, permíteme derrochar caricias en esa zona donde no germinan estrógenos, regálame esta noche para que veas mis pensamiento pulcros, mis anhelos que son febriles pero sanos y que el deseo duerma en tu cauda al llegar la tarde y que el beso se evapore en el tiempo como tu perfume.

Sedúceme entonces esta noche con ese hechizo que en tu piel mora, con ese sortilegio que con tu aroma germina, con el sabor excelso y suave de tu espalda y mira como brota esta adicción que no encuentra más cura que en las noches que me obsequias cuando a mi oído llega tu sutil palabra.

Abandóname en mis miedos, en mis odios y mis angustias que en tu humanidad etérea encuentran mis dolores calma, mientras yo te contemplo y gozo al verte diluida en el mar ideal de tus anhelos, lavaré mi alma con el agua de tus mares y disfrutaré segundo a segundo, gota a gota, el silencio de tu descanso.

Cierra pues mis labios esta noche, logra que el alivio visite mi lecho que por ti yerto, que sin ti desértico, y llegará a tus oídos mi confección palabra a palabra el idioma de mi corazón que por ti aguardara una nueva alborada, que por ti recordará siempre esto ensueño.

Déjame vivirte esta noche en este sueño que se me da infinito, mírame mañana quizás con pena, quizás rogando que nuevamente me duerma para que el tiempo en esta noche se torne eterno, para estar los dos en la invención de mi mundo tejido por anhelos.

David Felipe Morales

15 de Febrero de 2013

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