Sin Máscara

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Simplemente hoy decido ser yo mismo, sin la máscara que la vida me ha obligado a ponerme, soñador incansable, caminante de senderos inhóspitos, cazador de estrellas fugaces, fugitivo de la realidad, aborrecedor de la rutina, escritor de quimeras inspiradas en lo que hoy parece estúpido y efímero, en lo que ya no tiene valor alguno, un derrotado ante la apacible realidad que pulula por do quiera,  pero siempre lozano, joven por siempre.

Decido ser el que siempre nunca deje de ser, nuevamente mírenme sumergido en el sueño ideal, tranquilo, apacible con la realidad dislocada, criticado ferozmente desde una perspectiva material. Hoy, a placer y con mera convicción, decido soltar esta bestia que reposa en mi sangre, decido no mutar mis pensamiento por más que la rutina me obligue, no esconder más mi escrito y dejar a un lado la máscara y entonces soy el colibrí que se posó en un pensamiento del hoy, del ahora, sin prometer un mañana.

Soy sólo eso, el idiota seducido eternamente por el placer de un baño de sol, amante taciturno de la lluvia, deslumbrado por la luna, encantado por los arreboles, pintor de falacias, domador de temores, de miedos a sentirse, despojado en medio de esta guerra que es mi cotidiano y esa es mi lucha hacer que sientas, que te sumerjas, sin temer ahogarte en lo que hoy a mí me hace un idiota.

Romántico en exceso, de flores, de chocolates, de sonrisas pícaras, de apretar tu mano en una calle desconocida, de dormir en tu pecho de regalarte una tarde de vino, de velas del sabor de tu aliento amante.

Depresivo constante ante la realidad que atrofia, sobreviviente del afán que hoy tiene la vida misma, profanador de lágrimas, amante sin límites de entrega total, sin fechas, sin calificativos, ridículo dice la gente, pero yo siento que lo soy en demasía a mi gusto.

Soy yo en convivencia con esa loca fijación por unos labios atiborrados de carmesí, por el destello de una visual apacible y con la  mirada siempre perdida en el profundo azabache de un cabello oscuro que sólo recrea la noche donde dormir inspira, para cazar las estrellas que reposan en tus miradas, para robarte esa sonrisa desprovista de burla, envuelta en picardía intérprete de ese lenguaje que sólo ella y yo tenemos, ese lenguaje que hoy muy pocos conocen, ese escrito perdido del que todos venimos.

Mírame, no soy más que esto con mi realidad que no promete, sin máscara, perdido en el suspiro que se escapó, en el beso que no se dio jamás, en las caricias que se atiborraron, en la angustia de un pensamiento escurridizo, luchador y cobarde; porque esperé perderme para perderle y ahora desnudo con el corazón goteando y aun palpitante, sin miedo a ser herido y con el alma llena de cicatrices, no soy más que un hombre sin promesas de mañanas distantes, un hombre que ya no dará su palabra de por siempre, ni soñaré con un después, soñaré con mi musa e idearé maneras para amarla en exceso cuando aparezca.

David Felipe Morales

20 de Noviembre de 2012

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