Pregunta

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Y si tuviera la seguridad de que me acobijare la muerte con su yerta sotana, y entre llantos y flores que ya no gozo, entre clementes palabras y lamentos que tampoco a mi corazón ahora endurecido tocan, y me encontrara desnudo sin nada que perder, sin nada que conquistar, suspendido al imperio de lo desconocido…

Y si la impía por fin me venciera tras esa larga caza a la que me sometió por el hecho de estar vivo, y si al llegar mi tiempo, mi fin, simplemente ya no fuese necesario el tiempo, en vano me escondería, entre quimeras, entre sensibles sembradíos de girasoles, entre placeres carnales  y alegrías efímeras aun cuando seguro estoy de que la parca llegara algún día a rozar mi hombro…

Y  si supiera que al zarpar en ese barco, en ese buque que a su paso va dejando la inmunda estela de lamento, de soledad y de tristeza, embarcación misteriosas que nunca retorna y que aparece cuando la neblina y la penumbra se posan sobre este amasijo de carnes y pieles, colmando el espectro, velando el sol como si el perpetuo invierno hubiese comenzado, como si la pavorosa noche ya no tuviera fin…

Y si esa sombra que hoy cierra el grifo por donde a gotas me bebo la vida  también se posara  por todos los rosales que me inspiraron, detalles, escritos, canciones, amores y placeres también les oscureciera sin razón alguna, también me hallaría oculto tras esos amores que atizaron mis venas, cariños que desenfrenados poseyeron mis plumas y palparon famélicos escritos en las ahora corruptas hojas que a raudales acogieron mentiras, porque de infinito no tenían nada, porque de eterno no me correspondían…

Y  si supiera que el olvido jamás cubriera mi sepulcro, si en mí naciera esa falacia de que mis letras fueran perpetuas y que las heridas del alma sanaran y el clamor por la tranquilidad fuese escuchado, y escondidas entre mis carnes alojadas, entre maderos condenados a podrirse y fusionarse con la tierra y si supiera que algún glotón gusano saciaría su voraz hambre hasta que en mi descanso halle también el suyo con mis carnes ya pútridas, destiladas por el ávido paso del tiempo…

Y si tuviese esa certeza de que en ese momento mis heridas del alma ya no dolerían, y que el quejido que circunda mi pensamiento constantemente se sumiría en la afonía que ahora siente mi pálpito… ¡Iría más bien yo tras de ella para hallar la calma que de los muertos tanto se predica pero nadie conoce!

Y si el paraíso prometido existiera y fuese tan sólo un mínimo fragmento de mis sueños, y allí plácido me encontrara como en mis premisas, caminando desnudo de la mano de mi musa quien hoy ya no habita mis terrenos y quien me ha relegado al inmundo olvido… Lo pensaría y quizás una posibilidad habría de recuentro…

Pero temo que en medio de mis sueños la realidad nuevamente volviera y la soledad me cubriera; por qué no vivir entonces con lo poco que me queda; quién me niega los sueños, quién derrumba mis castillos de arena, quién no siente miedo; aun cuando soy romántico sin musa, aun cuando soy un músico sordo, aun cuando padezco del quejido del pintor ciego, ¿por qué no he de vivir si es lo único que me queda?

David Felipe Morales

5 de diciembre de 2012

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