Café  Y Tiempo

Usted me ha leído, ha seducido su mente con mis letras y ha inspirado otras tantas, me ha robado las noches con el brillo de esos ojos y se ha impregnado en mi pensamiento como una bacteria que ni con el vino más amargo desfallece de su conquista. 

La pienso de mil maneras, desde el ardor e ímpetu que me posee al no poder rosar siquiera su mejilla con un pétalo, hasta la intranquilidad que me produce estar constantemente ideando maneras siempre inútiles de tocar algo menos fugaz que su piel. 

Tierra extraña y exótica es usted en mi mente, cavilo noches yertas caminando entre pensamientos febriles y el gusto de oír sus palabras, siempre embelesado en una estela de ilusión y lejanía. 

Me debe usted tanto, pues sin que lo sepa entre sueños la he llevado al Olimpo y ha visto junto a mí el amanecer de una utopía, sobre unicornios hemos cabalgado y siempre me encuentro centinela de sus sueños. 

Regáleme un café, en una tarde cualquiera, deje que la beba como ese sorbo caliente que quema, deje que sin tocarle un trozo de su piel le saboree en lo amargo y en lo dulce, en lo claro y en lo oscuro de su piel. 

Regáleme tiempo, yo leeré cada palabra como el mapa de un tesoro y así entonces ya no será infértil mi pensamiento y así entonces logre llegar al tesoro de sus besos. 

David Felipe Morales 

17 de Marzo de 2015

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