​En espera de zarpar. 

Bajo la nube gris de finales de Marzo me quedé atado con las velas listas, con el ancla alzada, con toda la prisa.

Soy ese barco abandonando en un muelle donde ningun navío atraca. 

Una soga débil, labrada de recuerdos enmohecidos y momentos ya idos, sujeta intermitentemente a mi proa.

Una soga con la que el pasar del tiempo y la desidia no han sido clementes, y tras cada ola que golpea mi casco pierde más hilos amenazando siempre dejarme a la deriva. 

En las tardes cuando el sol busca cama, diviso a mis espaldas las olas y el mar comiéndose el horizonte y la promesa de navegar que hiciera un día quien hoy me ata, mientras aguardo esa zarpada que aún no llega, muchas lunas y soles han dormido y despertado y en las estrellas he alimentado las promesas escritas en el viento. 

Por momentos deseo que la soga pierda sus hilos, por instantes cuando la soledad agobia quisiera surcar esas olas en compañía de las gaviotas y alcatraces atracando en otros muelles divisando otras playas, porque aún y cuando el mar esté encrespado sé que a tierra firme llegaré algún día. 

Vivo con la ilusión que las nubes dejen de ser grises para zarpar antes que la cuerda rompa, tal y como algún día dijimos, anhelando que mi casco resista el abofetear de las mareas salvajes de su indecisión. 
David Felipe Morales 

18 de Marzo de 2015

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