Sin Palabras

Sus ojos me hablan cuando las palabras se hacen escasas, su mirada me acaricia cuando el tacto está ya ausente, sus pupilas delatan lo que su corazón a gritos calla.

Ojalá y yo sea el último en leer su alma siempre. 

Atraviéseme con la daga que emana de su profundo mirar, estremezca mi mundo con un vistazo intrigante, sostenido; excite y dele vida a las mariposas que diáfanas en mis entrañas habitan; y cuando bajo el hechizo de sus ojos me hinque, no titubee en atravesar mi humanidad con sus labios. 

Estoy perdido en el reflejo infinito de zafiros, como buscando peces en un lago eternamente profundo. 

En mi locura quisiera habitar en la cascada de sus lagrimales, para ver si por un instante, mi mundo, que se reduce a la órbita de sus ojos, logra siquiera colmar su espectro. 

No! no cierre sus ojos, nunca deje de mirarme. Así jamás permita que acaricie su mejilla, nunca permita que de sus ojos destilen lágrimas, que sean siempre como lunas llenas de alquitrán; no hay nada más bello que ese brillo sutil de sus ojos, no hay nada que me dé más júbilo que desvanecerme perdiendo la razón bajo su mirada. 
David Felipe Morales

25 de Marzo de 2015

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