¿HAY PECADO? ¿HAY MALDAD?.

Sábanas húmedas impregnadas de perfume, piel sedienta de caricias, labios secos y hedor a deseo inunda la habitación. 

¿Hay pecado donde tal es el deseo? ¿Hay maldad y engaño cuando se toca la puerta del paraíso prometido?

El amante evita parpadear para no perder momento alguno de su desnudez; a ella los ojos le brillan como nunca lo hicieron las estrellas.

¿Hay pecado al explorar cada poro de su cuerpo? ¿Hay maldad si el cuerpo mismo, entre sollozos anhela más?

El amante camina por sus rodillas, surca el valle que se forma entre dos beldades enardecidas por el pálpito; a ella el aliento se le ha ido.

¿Hay pecado? ¿Hay maldad? O es vida misma en el fugaz deseo, encarnado en besos y la piel.

David Felipe Morales
6 de Abril de 2015

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