SORTILEGIO


En las entrañas nunca habrá un dolor que despierte a su vez tal pasión, el cuerpo anhela el sortilegio que le hiere, la cicatriz, la huella como una premonición de abandono y olvido.

Sortilegio, necesidad de dolor, no se concibe la alegría o la sonrisa como eterna, aun así se disfruta de los espejismos mientras duren.

El sortilegio le despierta todos los días con la intranquilidad de pensar en otro, entregando su vida, su alma todo su ser.

Sortilegio que no dura, extrema usanza del shock inicial, ya no exaspera su beso, ya no aviva su desnudez, más sin embargo vivir lejos no es posible ya es más que una dolorosa apéndice y retirarle sería mortal.

Promesa que hechiza en los primeros lustros, ilusión que se corroe con el paso del inclemente tiempo, se hace necesario trazar rutas y metas demasiado lejanas para embelesar el camino que se hace tedioso.

Al final se vive siempre con la necesidad de sentir, confinado en una cárcel autoimpuesta que termina aniquilando la juventud.

Cadena perpetua esa de ser sorprendido en un sortilegio que se llama amor.

David Felipe Morales11 de Abril de 2015

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