El cementerio no será jardín. 

Esperó tanto la semilla, que se hizo vieja y murió antes de ser plantada. 


Se anudaron tantas confesiones en su pecho que su corazón se convirtió en el cementerio de esas pasiones que eran para ella, de esos sentimientos que ahora yacen yertos bajo tierra. 

Siempre tal silencio entre miradas fugaces, sonrisas fingidas y preocupaciones irreales, siempre implícito el anhelo de desencadenar una sonrisa, hacer brillar su mirada y de besarle el hombro. 

Pero el turpial una vez en la jaula no vuelve a cantar igual, ni la fotografía congela la belleza de la imagen, y su belleza con su negativa disimulada se convirtieron en la cárcel de esa inspiración que florecia con su destello. 

Jamás respuestas a las preguntas, jamás agradecimientos a las barcas que la esperaron para llevarle, nunca siquiera una miga que alimentara la admiración, ni tampoco libertad al soñador. 

Y hoy cuando ella extraña lo dicho, las miradas que se suponen le incomodaban, las buenas intenciones y lo nunca confesado, cuando por fin desea entender ya es tarde, ya esa semilla no germina, ni el cementerio será jardín. 

David Felipe Morales 
28 de Abril de 2015

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