LUEGO.

Pese a la distancia, se hace inmarcesible en mis labios el color de los suyos, heridas abiertas y el ardor latente tras ese último beso que tocó hasta el alma, caricias que se hacen tinta sobre la piel y no renuncian a existir y al final lo cotidiano se hace tesoro en la carestía.

Viene y va la brisa tórrida de su perfume, se convive con el vacío más no se reemplaza su lugar, no parece haber olvido para las marcas dejadas más allá de la piel.

Somos dos estatuas que de camino al paraíso naufragamos y ahora perdidos en la profundidad de un mar que con severidad nos trata, esperamos nuevamente nuestro momento, esa la luz de la pasión que hoy simplemente nos separa. 

Ahora aceite y agua, hielo y fuego, dolor y sentimiento, dos rosas tratando de florecer en medio de la nieve, ahora caminos distintos y una súplica que no se hace mutismo de volver a encontrarnos luego. 

David Felipe Morales 
30 de Abril de 2015

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