CONFESIÓN

Me obligo a escribir letras sin sentido, sin dueño, sin destino, para depurar la mente que vive pariendo constantemente ideas nuevas, como de las montañas nacen amaneceres.

Me obligo a jugar de manera inofensiva con sentimientos que calan en mi alma como insectos en una telaraña y para darles libertad busco estas hojas. 

No me resisto a pensar que estas letras podrían ser la expresión adecuada de aquellos que por ligereza no logran ser sinceros y no dicen cuánto les gusta o duele la lejanía de alguien.

Y al final, a mi placer y para mantener cordura, me obligo a ver la belleza imperfecta de esa rosa que va muriendo sin ser entregada, de esa carta colmada de confesiones que jamás fue leída, de esa mirada que se perdió en el silencio de una rutina. 

Explayo mi alma entre renglones, violando el albo de las hojas desprevenidas que en mis manos caen y siento libertad y siento estar vivo cuando me leen.

Confieso que labro una cárcel para mi alma entre hojas y letras, pero me obligo al placer, a escribir para que otros se expresen. 
David Felipe Morales 

5 de Mayo de 2015 

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