EL MISMO VASO.

Y se servirse la pasión y el dolor en un mismo vaso; es la misma almohada confidente tanto de tristezas por lejanía, como de ansiedades por nuevos sentires, recolectora silente de lágrimas y alegrías. 

Un mismo ser es quien encarna odio y acelera el pulso, impulsa a detenerse o a querer volar sin alas. 

¡Día o noche, lo mismo da! Indiferente es el amanecer del atardecer, no se sabe cuándo el sentimiento se hará efímero, aun cuando los besos finjan estar cargados de pasión. 

Al final, cuando superadas las rencillas y despilfarradas tantas lágrimas, se convive de buena manera con el recuerdo de momentos hermosos que calientan el alma. 

Al final puede ser el sol quemando o la noche ocultando lo que se creía sentir. 

David Felipe Morales 
9 de Mayo de 2015

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