INTERÉS DESVANECIDO.

Soy ese centinela del aire, guardián de ilusiones, navegante de mares en sequía, retratista de almas, domador de mariposas. 

Con el interés desvanecido, con el mismo apego que pernocta sobre las tumbas sin doliente, con el similar afecto impreso en ese obsequio nunca entregado, disipado en esa misma espera que carcome a aquel anciano que en la soledad aguarda la expiración de sus días, así me detengo a mirarle hoy.

Así espere su mirada, su palabra, su sonrisa, mi sentir fue una efigie que se fue deshaciendo en espera, envuelto en desidias y su ceguera. Perdí el gusto tratando de lograr frustrar el abismal silencio que siempre me alejó de usted, hipnotizado en su beldad, mirando el movimiento de la saeta que a cuenta gotas me robó los segundos.

Depongo las armas, bandera cándida a esta pugna que no buscaba más que su escucha, me retiro sitiado por su apatía en busca de lejanía, con la admiración latente de esa belleza, intentando poner la mirada en el horizonte para liberarme del hechizo.

Perdí el interés, relegué su nombre a la indiferencia, es usted una estatua bien forjada que sorprendió en su estreno y que hoy sólo hace parte del paisaje.

Ya no le nombro en mis quimeras, le destierro de mis letras, la excluyo sin saciar curiosidad, sin mermar ímpetu, sin corromper su piel, sin confesar los anhelos que avivé para con esa estatua bien labrada pero fría en su interior.

Simplemente perdí el interés.

David Felipe Morales 
9 de Mayo de 2015

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