LABIOS PRÓFUGOS.

Que se calcinen mis labios con el más mínimo roce de otros que no sean los suyos, que arda cada beso ya dado en el recuerdo cuando ronde en mí cabeza el olvido, que mi mente jamás se deshaga del vestigio abandonado por su aliento, que jamás vuelva a besar con la misma necesidad de encontrar la muerte si no son sus labios mi cementerio. 


Textura, exquisitez, penuria, mente en blanco. Labios malditos que liberan locura, que se adueñaron de los míos, labios que me han despojado del pensamiento, que se han enquistado en mis letras y que me han robado la serenidad. 

Labios que han prohibido con necedad el riesgo de besar otras bocas, labios imposibles de retratar y que todo dolor acalla con un murmullo, boca egoísta y adictiva puertas del paraíso ventanas a la condena perpetua de ímpetus sórdidos. 

Dónde están esos labios en esta noche inmortal, en esta oscuridad de frío vehemente que ha calcinado los míos; dónde está el calor eterno prometido en un último beso; dónde está ese color carmesí que fue placebo para las penurias. 

Dónde habitan ahora ese par de pétalos espinados, que en la angustia de una última copa deseo me hieran; dónde están esos labios prófugos que relegaron a marchitarse los míos. 

David Felipe Morales 
19 de Mayo de 2015

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