VINO PARA DOS.


Turba frenética de pensamientos sin guía, que hacia la mente arremeten sin quietud, agitación que se sosiega en letargo de vinos sin cuerpo, tinieblas impasibles de sueño inconciliable, despojos de la piel, retumban ideas en la cabeza como moscas en un vasosin lograr lapidar el silencio. 

Ella presente en el ambiente pero ausente de mí, silencio sepulcral en el lecho, su espalda ya no murmura y sus ojos se han perdido en un horizonte atiborrado de recuerdos.

Ella, la sonriente, la colmada de ternura ya no está, fueron dos extraños sumergidos en una rutina que no les pertenecía. 

Y la lágrima se fue resbalando lentamente por su mejilla, gota maldita que quemó el alma, ya no había sonrisa, ni respuestas, esta vez el hastío se hizo real pero no colmó de satisfacción a su público.

Infructuosos lamentos en agonía, una copa de vino más para aquietar miedos para llenar su ausencia, ella está pero irremediablemente hace falta como el sol en invierno. 

Turba frenética de pensamientos guiados por ella, agitación que se sosiega en letargo que proveen sólo sus labios, tinieblas impasibles de sueño conciliable sólo en su regazo. 

La espero mirando su copa a rebosar, mientras cuento a gotas la agonía de una última botella que se hace amarga sin su compañía

David Felipe Morales 
20 de Mayo de 2015


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