CUESTIONANDO LA NOCHE.

Duda rutilante. Luciérnagas que revolotean en la tempestuosa noche entre sembradíos de girasoles que se abren sólo ante la luz de estrellas fugaces. Ella plácidamente pernocta. 

Labios carmesí, encanto que cautiva cual luz de luna llena. Yo, perdido y condenado en la parálisis que provee lo desmesurado de su beldad, soñando con ella sin dormir, alucinación tan cierta que siento tenerla a mi lado, creo estarle acariciando la mejilla. 

Cuestionamiento rutilante que despoja calma, ¿Cómo meterme en su pensamiento? ¿Cómo ser capitán de ese frenesí que desborda con su encanto? ¿Cómo confinar en renglones simples la explosión de sensaciones que arremeten en mí por su culpa? 

Se nubla la mirada pero es dulce su rocío, almíbar el sabor de esa lágrima proscrita, ¿Cuánta necesidad de confesar la congoja que clama por una caricia en su mejilla? ¿Cómo inquirir sin despertarle lo que piensa? ¿Cómo matar este cuestionamiento que emerge mientras duerme? ¿Cómo saber si participo de las utopías en las que se sumerge cuando sueña? 

Cuestionando la noche, mientras placida pernocta y yo simplemente soy el custodio de su lecho. 

David Felipe Morales 
21 de Mayo de 2015


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