CONFESOS

El amanecer con su luz brillante y optimista envuelve el ser, baña la mente, nubla la memoria y enceguece el alma, dejando en evidencia un corazón que tras una noche de confesiones es cómplice de la locura. 

Un café oscuro y esa frase necesaria rondando en la cabeza para que confesar no se torne rutinario; pacto nunca acordado pero evidente, callar lo advertido pero no olvidar lo confesado. 

Empiezan los amantes un nuevo día y una nueva historia nace en universos paralelos, sintiendo la lejanía pero con la necesidad ya menguada de confesar lo que por momentos se hacía un puñal afilado recabado en el alma. 

Amanece y con un jugo de naranja vuelve y germina la espera paciente de que la noche traiga con sigo esa calma que permite desnudar el alma, despertar ese volcán interno, violentar una vez más las emociones, y como un adicto que aborrece su adicción, encontrar la paz que sólo les otorga el éxtasis de hallarse una vez más desnudos uno frente al otro, declarándose confesos, adictos de los labios de cada quien. 
David Felipe Morales 

27 de Mayo de 2015

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