RUEGO.

Permita que el claro reflejo de luna que reside en mis pupilas disfrute la desnuda piel de su asombrosa humanidad.
Deje que mis ojos se harten mirando esa cárcel de sublime estampa que confina su alma; rogaré no parpadear, mientras mis ojos serpentean sobre el desnudo lienzo que es su piel. 
Consienta que el océano de mis manías se precipite contra su cuerpo como olas de un mar colérico buscando colonizar una playa abandonada. 
De usted depende que de mi recuerdo jamás se escape el palpitar de ese corazón urgido que ruge bajo su seno. 
Quiero contemplar su desnudez, permítame ser sincero en estos momentos de embriaguez, que deseo embelesarme en su piel, como algún día deseo mirar la aurora boreal manchando el cielo. 
Anhelo hacer un escrito que sólo usted pueda leer, que quede incrustado en mis secretos, pero cuya raíz y musa sea esa imagen de su piel para mí descubierta. 
Admita que mis sentidos lleguen al clímax sin corromper el silencio, que la lejanía se haga evidente, y al final, tenga conmigo el secreto de su desnudez que de anhelos satura mi mente, y usted tendrá de mí silencio.
David Felipe Morales

31 de Mayo 2015

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