LLUVIA.

Me ataca una imperiosa necesidad de depurar el alma, de liberar estos suspiros lanzando desde mi ventana letras a la lluvia, como árbol liberando sus hojas en otoño. 

Me urge dejar a la lluvia que limpie el alma y dé alivio al corazón, con sus gotas frías que al tocar la tierra se vuelven hilos de agua sin destino, sin final.

Necesito deshojar margaritas, darle vuelta a girasoles, tapar esa botella de vino que evoca constantemente el pasado y sentir las espinas de una rosa seca que encontró la muerte sin ser entregada punzándome la piel.

Me urge ocupar la mente en cosas sin trascendencia, quizá un poco de dolor, tal vez violentando con mi pluma el albo de algunas hojas. 

Requiero ya no pensar y desatar un pasado que tiene nombre y que tiene un rostro, mientras la lluvia desvanece mis letras pasadas, las mismas que dibujan esa musa que un día bajo la lluvia y entre los hilos de agua sin destino y sin final se desvaneció. 

David Felipe Morales 
14 de Junio de 2015

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