​CONFESIÓN TARDÍA.

Se desata una confesión tardía, situación que inadvertida emana sin razón, curiosidad que se enmoheció en el tiempo sin ser satisfecha y que reaparece ahora cuando tantas vueltas al sol ya han sucedido.

Vuelve el recuerdo de esa sonrisa, de esos labios delgados y empalidecidos, de esa piel que inspiraba paz, de usted y el enigma que envolvía y que embargaba con encanto. 

Los años han pasado y han sido tan benevolentes con su estampa, su tez sigue siendo la misma, subsiste como el recuerdo que de usted tengo, evocando esa playa desierta donde el sol germina y las olas se calman.

Ahora, la misma lejanía que en ese entonces, miles de kilómetros, antes simples metros que se forjaban como dunas para mí, pero ahora la distancia es aliada para desatar esta confesión tardía, confesarle el encanto que en usted afloraba y estremecía mi mundo, sin importar la lejanía, sin turbar el silencio esperando que esta confesión no sea tardía.

David Felipe Morales 

16 de Junio de 2015

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