En Primera Persona 


Y de repente me sorprendí caminando bajo una lluvia de ilusiones absurdas, de delirios imposibles, de sueños agonizantes.

De repente advertí que mi cabello no era del todo oscuro, que mi sonrisa era fingida, mis manos menos tersas, mis pantalones largos y mis zapatos de cordones.

De repente me sentí perdido en este presente tan perfecto que asemejaba mis pesadillas infantiles, mire atrás y sobre mis hombros se posaban tantos atardeceres, mis ojos eran un desierto que alguna vez fue mar refulgente, y mis labios habían probado tanta hiel que la miel de unos besos ya no me sorprendieron. 

Mire al piso y entre la lluvia que resbalaba por mis mejillas y formaba delicados hilos de aguas suicidas en el asfalto, estaban las ilusiones, los delirios y esos sueños triviales en agonía, dispersos, rumbo a la alcantarilla de mis derrotas en mutismo total.

Sentí dolor como si hubiera perdido el tiempo vivido, vi como sin clemencia el suelo aglomeraba mis tesoros, lo que creía ya no era, todo se había esfumado y tanto había olvidado.

Crueldad para mi sentir. Cuánto había disipado de mi alma, para ahora estrictamente ser lo que más odiaba, lo que repudiaba cuando mis pantalones eran cortos, mis pies descalzos y mi mente delirante.

Pero ahora resulto oportuno con mi sonrisita fingida y siendo aceptado por este tumulto de gente que jamás logró menguar la soledad de mi presente. 

David Felipe Morales 
27 de Junio de 2015

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