CHOQUE DE INSTINTOS.

Infames y abruptos anhelos que se mezclan como aceite y agua, originando esa vehemencia pagana, logrando que las ropas cohíban y los besos delicados se hagan inoportunos.

No hay segundos para la débil y efímera ternura, no hay instante para detenerse a deleitarse con la desnudez ni a halagar sin que a los besos no les anteceda insaciables mordiscos, no hay tiempo para caricias endebles que a su paso no dejen marca en la piel.

Corazones en éxtasis, almas desesperadas en esa cárcel labrada en carne y piel llamada cuerpo, saliva que hierve en la boca, sudor y calor formando un cóctel.

El lecho es la puerta del mismo infierno, la fuerza de las aguas despavoridas, la furia de las lluvias en nuestros cuerpos se posee y aleja cualquier pensamiento.

Emerge la irracionalidad y con ella las palabras simplemente no se articulan, una parte de mí es espectadora de esta guerra donde juntos bandos luchan contra el mar.

Y nos entregamos a esa fuerza interna que nos posee, hundiéndonos en el lecho, ahogándonos en el infierno de las pasiones más bajas, intencionalmente chocando nuestros instintos. 

David Felipe Morales 
6 de Julio de 2015

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