​A MI RELOJ.

Tiempo, trascurra con la prontitud de un suspiro, haga que las saetas del reloj se muevan al compás de mi corazón cuando la piel de ella está cerca de mí, concédame pronto la gracia y el donaire de esos ojos que son el nirvana de mis noches, y que recaiga como atardecer tragándose la luz en mi humanidad insipiente. 

La necesidad se hace afanosa, incontenible, urgente. No puedo más que mirar pávido cómo marchan esas manecillas sin ningún afán, creo haber muerto varias veces mientras mi ruego a usted siquiera le seduce. 

Siento esa penuria invadiendo mi mundo con su turba iracunda de angustias encolerizadas, con su perfume que es condena, con su encanto que es mi fin. Quiero esa piel entre mis manos, deseo esos labios con su escarlata perpetuo, pretendo besarla como vez primera, como si hubiese quedado algo pendiente.

Reloj, tiempo, espacio, compadezcan este manojo de anhelos, clemencia para este nudo de manías que se entrelazan hasta apretar la razón y la cordura, soy un péndulo que se mece entre la ansiedad y la ira. 

Reloj, prefiero ya no mirar el discurrir de los eternos segundos en su cuerpo, para hacer más llevadera esta espera, esta agonía de aguardar conversando con usted.

David Felipe Morales 

10 de julio de 2015

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