SOÑÉ QUE TROPEZABA.

Soñé que tropezaba en el camino de esta rutina, en el día a día sin emociones. 

El eco del aleteo de despavoridas palomas sofocó el silencio de su ausencia, crujieron pétalos de flores secas bajo mis pies, mis pasos se hicieron magnéticos y algo más vehemente que la cordura me dirigió como riachuelo a su mar. 

El sol de ese mediodía brillaba con más frenesí y los matices de su cabellera se fueron descubriendo entre tonalidades oportunas, la suave brisa jugueteó con su ajuar y dejó en evidencia esa estampa tan suya, siempre sublime. 

La mirada quedó en penumbra y entre parpadeos su silueta se fue dibujando, cada paso que eliminaba distancia llenaba este corazón henchido de cobardía, la angustia se atiborró en el alma cuando fue innegable la ausencia. 

Quería correr hacia usted, al calor de su abrazo, matar la sed en el brebaje de sus labios, extraviarme en el fervor de sus pensamientos y transitar por el sembradío de rosales incoloros que dejan en cada amanecer su olor en lo más diáfano de su cuello. 

Soñé que nos tropezábamos como transeúntes en una calle desierta, soñé que colmaba esta angustia. 

Soñé y amanecí con la sonrisa a flor de piel y con ganas de tropezar, pero sólo con usted. 

David Felipe Morales 

19 de Julio de 2015

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