ENTRE COPAS.

Entre copas mancilladas por la estela de vino tinto deviene en la boca el sabor insulso de pasiones entumecidas, entre el vino que esta noche a raudales por mi garganta se ha deslizado y que se ha tornado en hiel cuando la reminiscencia ataca y me cuesta un poco pasar saliva.

El abrazo yerto de una soledad mal administrada acaricia suavemente la tersa mejilla, delineando las lágrimas que jamás lograron deslizarse y que parecen haber logrado fermentación en lo más profundo del alma.

Entre pensamientos, ella, se abre campo dejando tras sus pasos un rastro que extirpa la razón, la musa añeja en medio de sus ropas con su hedor a olvido ha logrado irrumpir entre el humo espeso de cigarros y ceniceros a tope.

No hay dolor, no hay duda, solo ese vacío que aún no se colma en el espíritu y que se ha adornado de recelos y anhelos urgentes, ella ya no tiene rostro, ella ya no posee esos labios que se han secado y su piel ya no eriza deseo alguno, pero es buena compañía cuando el vino a raudales por mi garganta se ha deslizado y requiero un poco de dolor para alimentar la bohemia.

David Felipe Morales
14 de Agosto de 2015

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