DEFIÉNDAME.

Defiéndame de la noche sin estrellas ni luna, del dolor sin herida, de la tarde fría de domingo.

Del lamento y dolor que no se expresan y que ahora como carroñeros en el alma viven y se alimenta hasta el hastío de momentos gratos.

De la palabra que no corrompió el silencio, del rosal que no florece, de los girasoles famélicos cuando no les alumbra el sol.

Del mar sin olas, de las aguas mansas, del silencio que aturde y de los espacios que se hacen inmensos en soledad.

Defiéndame cuando a la merced de la angustiosa soledad baje la guardia y mis miedos detonen, y mi cometa se quede sin hilo.

Se hace necesario entonces para ello, para que me defienda, no que siempre esté a mi lado pero si siempre conmigo calentándome el alma, en mi pensamiento, en mi corazón.

David Felipe Morales
16 de Agosto de 2015

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