CODICIA IMPOSIBLE.

Dime cómo prolongar esos instantes de fogosidad, cómo eternizar esos besos que logran acariciar el alma, cómo deshojar caricias de manera eterna sobre nuestra piel.

El tiempo no se detiene, la luna se hace perpetua tras las nubes de la noche fría, se mezclan nuestros suspiros, la respiración se hace una sola, y al unísono nuestros corazones laten.

El reloj de arena que nos mira se hace una sólida escultura de mármol inmutable, abandonada en el profundo mar, donde convergen sentimientos y pasiones, y nos queda parpadear mientras sus aguas nos asedian y nos ahogamos en estas con furia profana.

Vestigios de vida esparcidos entre las sábanas, dos cuerpos enloquecidos atestados de frenesí caminan a ese abismo, a ese precipicio que nos da vida.

Cómo no comerme ese corazón que tanto me aviva, cómo no beberme su espíritu en ese instante que siento morir ahogado en sentimiento, cómo no robarme esa alma que esculpe una sonrisa en mi rostro.

Me agobia esta codicia de lo imposible, este anhelo de lo absurdo, estas ganas de que no exista riesgo, de que exista final, deceso para esta locura que de a pocos me fascina, que de a pocos me adentra al edén.

David Felipe Morales
21 de Agosto de 2015

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