PIENSE EN MÍ.

Piénseme en la soledad de su aposento, embrollada entre sábanas, aferrada a su almohada que es su confidente, y al hacerlo, libere esta horda imperiosa de salvajes ansias que en mis manos aguardan su permiso.

Piense en mí, como brisa inoportuna que se cuela por debajo de su falda, esa brisa seré yo, personificado en el viento que quiere dejar en evidencia sus encantos.

Piénseme y sienta estar pecando ad portas de sumirse en castigo, con ese anhelo malsano de lo prohibido y lo inconfesable, que le sonroja y le roba suspiros.

Cierre sus ojos y piense en sentirme, y serán mis besos el agua que le bañe y mis caricias quienes secan su cuerpo, mis labios quienes le visitan y mi alma quien le salve de la soledad que amenaza.

Piénseme, y que se agite su pálpito excesivamente, hágalo de manera intermitente como la lluvia para no caer en tediosas rutinas, pero con el mismo afán que se devenga al sentir caricias en la mejilla imberbe, con el azaroso vivir de la juventud siempre ávida, piénseme así y consuma de mí hasta el hastío, que después seré estorbo, despojo de un grato momento.

David Felipe Morales
5 de Septiembre de 2015

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