ESPEJISMO

Tú, que me pones contra la pared, al borde de mis miedos y me arrancas con besos las palabras que mi corazón esconde.

Tú, que me desnudas en medio de la oscuridad y me dejas a la merced de tu desidia, de tu silencio, para siempre dar la vuelta cuando mi armadura a mis pies está.

Tú, que hurgas cada espacio de mi cerebro, encandilas mi mirada con una sonrisa insolente, me embelesas y haces que mis heridas por ti cometidas se olviden.

Tú, para quien no tengo odio, así me abofetees con tu sórdida realidad.

Tú, que sabes tanto de mí, de mis sentimientos y aún así gritas en mi pensamiento para que el eco que quede no te olvide.

Tú, que cambias de andén cuando se enlodan las palabras y la conversación toma caminos menos superfluos.

Tú, que ignoras mi corazón aunque latente esté entre tus manos.

Tú, que después de cometer el desbordamiento de mis ímpetus desapareces.

Tú, con esa virtud de sacar lo mejor y lo peor de mí.

Tú, que viajas en ese tren sin destino y sin freno, y que te escapas cuando quiero amarrarte a una piedra y lanzarte al mar del olvido.

Y yo, que reflejo en ti todo cuanto quiero, todo cuanto anhelo, cuanto me urge, yo que recargo en tus hombros tanto, y al final sólo eres el espejismo de mis vacíos.

David Felipe Morales
7 de Septiembre de 2015

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