UNA SERIE DE IDEAS EN DESORDEN.

Apetecer una cosa no fuerza que en la realidad sea susceptible de poseerla.

Fama o virtud, y otros predicamentos a los que además de la sórdida rutina que el día a día nos enfrenta, doblegando cualquier paciencia, llevando al hastío.

Elijo entonces ocultar las virtudes, las migas diferentes que ostento, porque es más seguro así que estar enfrentando la crítica, máxime cuando esta en nuestros días puede ser arma empuñada por cualquiera.

La fisiología no miente y la genética tampoco encasilla, se puede fingir la inteligencia tras leer algunos titulares, saber de lo que todos hablan, una gota más dará un tinte de intelectualidad.

Y el sufrimiento es relativo, ¡hay que ser demasiado vanidoso para hablar de los problemas propios con alguien!, de las luchas internas y de los miedos, no se puede caminar por ahí suscitando lástima, y aquel que de tus dolencias se entere debe saber que eso lo hace único y especial.

Y pongo cada día más en duda esa premisa implantada como lobotomía desde la niñez, de que cualquier hombre puede cambiar su destino, como si pudiera uno ir borrando los pasos ya dados.

La complejidad de la vida, el pensamiento sin cause y la proximidad de tanto sepelio de sueños sucumbidos, da un fuerte traspiés a la velocidad con la que la vida se mueve.

¿Y dije todo esto en voz alta? …Una serie de ideas en desorden.

David Felipe Morales
26 de Septiembre de 2015

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