CEREBRO Y CORAZÓN.

Las ansiedades inofensivas de los primeros años, los sueños y anhelos que en la infancia se hacían tan lejanos, hoy me asustan.

El amor y otros sentires que con el tiempo fueron tomando forma y que algún día anhelé vivir, hoy resultan menos idealistas, más reales, más cercanos al dolor.

Me enseñaron entre novelas y cuentos de princesas, entre familias levantadas por parejas eternas que rondaban en la perfección y sumergidas en esa ficción que a puertas cerradas no era real.

Edifiqué una curiosidad por conocer el amor, mal necesario e inevitable que haría parte de la vida.

Crecí así, entre versos y suspiros, sin baches como en un sueño, en donde se podía vivir inmerso en esos cuentos, en esas historias.

Y hoy, cuando por fin palpo la ilusión, la promesa se me escurre entre los dedos, entre altas y bajas, entre dolores y alegrías; energía que se regocija en el alma y que alimenta el espíritu; púas que se clavan adentro, tan profundo, que ponen en tela de juicio lo que se ha vivido.

Quisiera entonces devolverme a esas épocas de infancia, en donde el corazón parecía una hoja en blanco, apenas tintada de inocencia, aunque esa quizá sería la salida más pragmática, también sería caminar con la seguridad de recoger lo vivido, las dolencias,los padecimientos y las alegrías; es vivir y amar ahora, con experiencia, menos de idealismo y más de realidad, con un poco más de cerebro que corazón.

David Felipe Morales
13 de Octubre de 2015

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