PARANOIA

Todo se reduce a las caricias que no te di con un límite que se tinta en medio de esas palabras que jamás te dije, un final que se esconde entre esos atardeceres que no vivimos y esos amaneceres que nunca nos sorprendieron.

El reflejo de tu desnudo torso campea con furia en la soledad de mis ideas, en la monocromía de mis días, en el frío profundo que tienen los abrazos que quedaron pendientes y que ahora yacen inmersos en el olvido.

Vivo en una cárcel, en un presidio erigido por mis miedos, en el cual las paredes están pintadas con el escarlata de tus labios y en el material de tus caricias, un pequeño rayo de luz se cuela por un grieta y esa luz viene de esa mirada que me disparaste, y que se quedó clavada más adentro de donde yo mismo de mí conozco.

Y así son mis días, y ese es el motivo de mis paranoias.

David Felipe Morales
19 de Octubre de 2015

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