POCAS PALABRAS, MÁS MIRADAS.

Dos lugares en los que al poner mis ojos se me pierde la razón y el argumento se me escapa, la imaginación se explaya y toma alas, rompe sus cadenas, hilos finamente labrados por los preceptos que brotan tras el paso inmóvil de la rutina y simplemente vuela libre.

Dos momentos intensamente sublimes, donde el corcel alado surca mi cielo, mezclando arreboles de atardeceres y madrugadas; dejando a su paso y con su aleteo, una estela que me llega como inspiración.

Y me queda sólo hundirme como colibrí dentro de un cartucho para alimentarme de su néctar, posarme sobre sus labios como ave que migra y que descansa tras su largo trasegar en busca de un lugar más tórrido, sobre las cuerdas eléctricas que dañan el índigo infinito del cielo de esta ciudad que se hace inmensa mientras le espero.

Y en esos dos momentos, en esos dos lugares de su semblante, es en los que me pierdo y me quedo entre pensamientos, y mis palabras se anudan como lágrimas en la garganta, la inspiración se hace abstracta como poeta que intenta escribir en el nirvana y no tengo más que un silencio contemplativo para usted, un silencio cómplice de la inspiración, pocas palabras y más miradas.

David Felipe Morales
13 de Octubre de 2015

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