DESASOSIEGO.

Maldita la curiosidad que afloró sin mediar beneplácito en medio del invierno que envuelve el corazón por estos días, liberando de mis adentros un pétalo que se posó sobre esos labios.

Maldito interés que prosperó sin contención alguna y que con el pasar de los días se tornó en banal delirio, nutriéndose y encontrado vida en la lejanía de sus miradas.

Maldita intriga que me despojó de calma y paz, tornando las noches en tediosos padecimientos, buscando escondite en mi pensamiento, perdiéndome en ellos para terminar siempre en el atrio de sus encantos.

Maldito albor de luna que quemó hasta el alma, en medio de un silencio en el que se construyó esta historia, que aunque envolvía a dos, solo permitió ser narrada por una.

Encanto y frustración, pasión y desdén convergiéndose en el punto, y en la hora exacta donde deberíamos estar amándonos, desgastando besos y atesorando caricias.

¿Por qué deviene la necesidad de bajar el ancla del navío de la vida cuando sobre estas arenas débiles navegamos? ¿por qué ahora cuando prefiero quedar a la deriva y ser náufrago de su piel, usted decide sentir?

Curiosidad que se define en el encanto de su presencia, de su mirada, límite y promesa de fuga aplazada para cuando el corazón se sienta amenazado, perdón inmerso en cada beso, aplazado en cada caricia colmada de zozobra.

Disculpa de antemano impetrada por limitar tanto como le entregué, y una curiosidad que ha de quedar insatisfecha por temor a estar sumido en algo que pueda cortar mis alas.

David Felipe Morales
25 de Octubre de 2015

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