UN BESO

Algo me dice que ese beso que no me has dado llegará sin cita, sin premeditación, sin pedir permiso.

Permite entonces ese beso y será ese tímido mimo en los labios, el presagio del vendaval de tórridas caricias que en mis manos se contienen para ti.

Permítelo y que sea ese sublime galanteo en las palabras, quien quebrante los candados de la cárcel que contiene esta pasión que adentro de mi piel arde en tu nombre.

Anhelo pecaminoso que aflora en las miradas, en esos suspiros de los que no tienes idea y que se destilan a la espera de un nuevo encuentro.

Urgencia en la piel, deseo en su máxima expresión, magnetismo, famélicos cuerpos que en su interior fraguan un pecado, ese mismo que condena a la humanidad hasta estos días.

Fuerza incontenible por la que se han derrocado reyes, esa misma que ha hecho desvanecer imperios y que hoy se mantiene contenida como una turba iracunda tras un beso, tras ese beso que aún dudas en regalarme.

David Felipe Morales
29 de octubre de 2015

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