CONFESIÓN QUE NUNCA SERÁ.

Si tan solo supieras el anhelo que me alberga, la ilusión más tenue que me inunda y me deviene como rocío de alborada, necesidad de poder verte una vez más y poder sentir tu mirada sobre mí.

¡Ay! si supieras del deseo, de la avidez pujante, del anhelo de que fuese perpetuo y jamás termine ese sutil roce entre tu mano y la mía, durante un corto saludo que sin pretexto te sustraigo.

Si tan solo supieras que como excusa limpio de tu rostro imaginarias gotas de una lluvia inexistente, sin otra intención que sentir tu piel tersa en ese corto instante, cuando tu piel y la mía tímidamente se funden.

Si supieras que se anega el tacto de esa savia necesaria para este moribundo vehemente de ti, en un corto instante, en un destello de estrella fugaz.

Sed inagotable, que amenaza con fenecer estos labios, sed insaciable de tu olor y tu voz, sed que si supieras de su existencia, mórbidamente la mantendrías intacta para tenerme famélico tras tus pasos, sed que siempre me acompañará mientras a mi vera dejas migas, trozos suficientes para tenerme con vida, sed de ti, inalcanzable, imposible.

David Felipe Morales
2 de Noviembre de 2015

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