OJALÁ Y SE DÉ OTRA VEZ.

Ojalá y se dé otra vez el sublime encuentro, que sin mediar palabras nos convocó en ese instante cuando la razón falló y el instinto venció.

No dije nada en el momento, para no romper la promesa del silencio, pero después no sostuve la mirada, ni intenté rozar su mano con disimulo de una segunda intención, como hasta ahora lo había hecho.

Se hicieron necesarios los días para que el ardor en las venas se decantara, y con ello vinieran a mí las sensaciones menos impregnadas de pasión y de pecado.

Fugaz instante, colapso de dos universos y yo recuerdo tan solo sus besos…efímero instante que se quedó en mis manos, en esas caricias que tórridas y que como jauría recorrieron su sexo, su intimidad.

Mala pasada de mi memoria que no alberga recuerdo, buena retentiva de mis labios que aún sienten el calor de los suyos y en mis manos aún palpita su interior.

Ya han pasado los días, la pena ya ha menguado, pero mi inconsciente alimenta una ilusión, un anhelo urgente de una nueva incursión, de un nuevo encuentro y ojalá se diera otra vez.

David Felipe Morales
3 de Noviembre de 2015

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