AL LECTOR II

En estos días, se nos permite soñar, desear, amar y odiar, siempre y cuando esos ímpetus no trasciendan el silencio.

Guardar para sí mismo anhelos, que estos crezcan, afloren y den semillas, siempre y cuando no se arrojen al desierto de nuestros días.

Idear caricias prohibidas, anhelar en el mutismo y en la soledad ser tan irremediablemente sinceros.

Ahora, una mirada se hace molesta, una palabra puede irrumpir en la órbita personal y un saludo puede ser tomado con connotaciones totalmente erradas.

Por eso en nuestros días, callar, no marcar el remite, no mirar a los ojos es casi tan natural como cerrar con candado nuestras puertas aun cuando estemos adentro.

Me propongo una tregua todos los días, una pausa para retomar las viejas usanzas, y por temor a ser mal interpretado, mejor escribo y que mis letras se hagan las palabras de quienes reprimen sus sentires, de quienes callan.

Al lector.

David Felipe Morales
20 de noviembre de 2015

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