SINCERIDAD.

No me culpes por no poder dejar atrás los miedos, los temores de heridas pasadas, de intentos fallidos que susurran aún a mi oído en las noches.

Corazón encadenado y temeroso el que resguarda mi pecho, ojos que prefieren estar siempre abiertos para evitar soñar, fantasmas que con dagas me reprimen.

Heridas que se han cerrado y en su cicatrización han liberado odios y tristezas, más aún, así persisten en el recuerdo de una mente colmada de recelos.

No se busca entre estas letras que afloren sentires de lástima, pero se precisa decir y aclarar que la cruda realidad me pesa, y que mis besos no intentan cruzar más allá de los labios.

Cuántas cartas escritas a medias, para no ahondar en sentires que adentren indefectiblemente en el laberinto del amor, sentimiento ruin que la vida a golpes secos me ha enseñado en su capacidad de hacerme efímero.

Cuántas veces he irrumpido el letargo a su lado cuando en mi lecho pernoctamos, todo para no sumirme en demasía en sueños y utopías.

El amor viene siendo el color de esta cárcel en la que me resguardo, para no sentir, para dejar pasar, para evitar por temor a perderme en las flechas de cupido.

Pero hoy, solo hoy quiero avocar a la sinceridad.

David Felipe Morales
21 de Noviembre 2015

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