ENTRE LA RAZÓN Y LA AVIDEZ.

Conmoción aun latente de esos besos prohibidos quemando los labios, siento esas manos galopando sobre mi humanidad como corceles que recobran libertad, como famélicos náufragos buscando agua en medio de la mar.

Entre la razón y la avidez, el corazón agitado, la piel erizada y sometida en un sabor de ayer, fragmentos de ese único encuentro revuelan como golondrinas en pleno verano, con el bullicio de una jauría de niños en un parque.

Tanto silencio en el pensamiento para evocar, tanta sed de pasión, pero siempre un vacío autoimpuesto en el recuerdo, olvido que se me hizo preciso, y que erradicó de mi cerebro hasta su nombre, pero evocación ladina que persiste y que ha de vivir centelleante en mi cuerpo, en mis ganas, en el título de mis pasiones más obscenas.

Minutos de desenfreno que mermaron la razón, angustia que se desvaneció en un fugaz instante, paradigma de la culpa, mirada que ya no se mantiene, y el candado de las puertas que resguardan los cancerberos, abriendo lentamente para mí.

Una vez más me implora la piel un llamado desde el confín de la perdición, con esa voz que sentí tan cerca de mí oído, una mirada más y me condenó a pensarla hasta el fin de mis días, letanía al santo de los sordos, ruego a una estrella fugaz que vuela despavorida a encontrar su sepulcro. Media noche y el frío envuelve con un abrazo lúgubre.

Una vez más merecen los amantes atrapados por el sentimiento más límpido, una vez y temo mirar hacia atrás y que se forjen en estatuas de sal mis carnes, una vez más y firmo mi condena en el paraíso que deviene al interrogar su escote, en el oasis de su ombligo, y mi sepulcro lo descubro en su sexo.

Miedo, pavor, zozobra, somos ángeles, seres alados circundando y merodeando el infierno que el cerebro del hombre ha concebido ante algo tan natural y tan incontrolable, aversión por el tiempo que ya no es nuestro, vida en la pasión que destilamos en soledad.

Elijo recordar ese único encuentro, y con ello, con esas migas, nutrir mi mente para recrear encuentros fugaces que han de sucederse en la soledad de mis ideas, y tras el clímax, esbozar en escritos que emerjan cuando las cenizas de las pasiones ya estén frías, una vez más y venció la razón a esta colosal avidez.

David Felipe Morales
22 de diciembre de 2015

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