Noche de Letanías.

Noche de reconciliación, de confrontación con los miedos más enquistados, noche de tregua para detener momentáneamente la pugna que se ha tornado eterna entre los recuerdos y las metas olvidadas.

Ruego silente que surge como rosa al amanecer, apretado entre palabras que en el pecho parecen tomar forma de espinas, súplica para que en esta noche las pesadillas y la realidad queden en blanco, para que la mente descanse.

Noche para detener el transegar, para correr los velos que han salido con los días y darse la oportunidad de mirar hacia atrás, sin profundizar en exceso para no recaer en los pasos ya caminados y así no inundarse de nostalgias añejas, para mirar al horizonte sin que los ojos se claven insondablemente, para que no se obligue a ver las piedras que vienen con el camino, con cada paso.

Noche de letanías, de ruegos, de reclamos estériles para consigo mismo, nocturno propicio para inquirir la razón de esta soledad en la que habitan recuerdos, derrotas y dolores, que aunque dejadas atrás aún persiguen y agobian.

Cuántas noches dejando en desamparo la almohada, pensando en lo ya hecho y lo que se quedó pendiente, noche para recalcar en que el hoy es solo producto del ayer y con ganas inmensas mientras las lágrimas se hacen diluvio, buscando la manera de reiniciar la vida, de comenzar otra vez.

Noche de letanías, noche de vulgar trasnocho.

David Felipe Morales
23 de diciembre de 2015

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