CRISALIDA

Suena la música de Mendelssohn, anunciado una despedida, un alejamiento que me envuelve como brisa.

De mi brazo, una estrella fugaz irrumpe entre las flores y los seres amados que para la ocasión traen sus mejores atuendos.

Tu belleza engalana y el brillo de tu ser estremece el paseo hacia el altar, donde impaciente el nuevo hijo aguarda con la ilusión a flor de piel, con la mirada incrédula de quien ve a un ángel, entonces me viene sosiego al saber que Dios lo ha escogido para ti.

Entre cada paso que de mí te aleja y entre más extiendes tus alas, se me vienen a la mente esos ojos, esa mirada primera llena de magia que ante el canto de tu nombre se impregnó en mi alma y me enamoró.

Remembranzas de aquel día donde la alegría más inmensa y la angustia más honda, se juntaron en un cóctel de emociones que aun bebo en tragos cortos; recuerdo del amor y del sentimiento más grande que afloró sin palabras, y que aún hoy me embriagan con la emoción de tu sonrisa.

Me queda dejarte ir tras esa bendición, tras la promesa del amor eterno, tras la quimera permitida; ya convertida mi crisálida en mariposa, para que vueles junto a tu elegido.

David Felipe Morales

1 de Agosto de 2015

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